Murió Piero, la voz de “Mi viejo”, “Para el pueblo lo que es del pueblo” y “Soy pan, soy paz, soy más”
“Es un buen tipo mi viejo”. Esa fue su carta de presentación. Con letra de José Tcherkaski, “Mi viejo” es una balada entrañable, con una base melódica que tiene rastros del soul, pero también de esas canciones melódicas del pop italiano de los 60. Una canción que marcó a varias generaciones y que se transformó tempranamente en un standard contemporáneo, con versiones de artistas como Iva Zanicchi (“Un uomo senza tempo”, en italiano), Leo Dan, Nicola Di Bari, Lucho Gatica, Vicente Fernández, Altemar Dutra, Los del Fuego, Yerba Brava y Leo Mattioli, entre muchísimos otros. Vendió 600 mil ejemplares al momento de su salida, en formato de single, regalo ineludible para aquel Día del Padre. Y fue, también, la punta de lanza de una carrera llena de canciones entrañables y comprometidas, que marcaron varias décadas y que forman parte del cancionero latinoamericano. Piero, que tenía 81 años, falleció este jueves 7 de octubre en el Hospital Italiano de Buenos Aires.
Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por PIERO (@pierocantautor)
Su familia confirmó la noticia a través de su cuenta de instagram: “Con profundo dolor, comunicamos el fallecimiento de nuestro querido Piero, a sus 81 años. Su voz, sus canciones y su mensaje de paz quedan para siempre con nosotros. Su luz va a seguir brillando en cada rincón donde su música siga llegado. Su familia y amigos, agradecemos los saludos. Buen viaje querido Piero”.
Piero Antonio Franco De Benedictis nació en 1945 en Galipoli, en la región de Apulia, Italia. Su familia emigró a la Argentina cuando tenía tres años. Y para principios de los 70, Piero ya era una celebridad. Coprotagonizó el film El profesor patagónico, junto a Luis Sandrini, bajo la dirección de Fernando Ayala.
Y con el correr de los discos, especialmente con la trilogía Pedro Nadie (1970), Coplas de mi país (1972) y Para el pueblo lo que es del pueblo (1974), se transformó en un actor político. Un cantor testimonial y comprometido, que encontró en el mencionado José Tcherkasky (periodista y poeta), un inseparable compañero compositivo.
Asociados a la canción de protesta, Piero y José tenían la capacidad de lograr retratos sociales y construir pequeños relatos de proyección universal, muchas veces acompañado por la orquestación del gran Jorge López Ruiz. Canciones como “Valdemar, el brasilero” o “Los americanos” (junto al Cuarteto Zupay), formaron parte de ese repertorio seminal que influyó, por ejemplo, al panameño Rubén Blades.
En Para el pueblo lo que es del pueblo (1974), colaboró con Marilina Ross (“Canción de cuna para despertar un hijo”), retrató las penurias de la vida urbana (“Así es la ciudad”) y versionó “Te recuerdo Amanda”, del chileno Víctor Jara, que había sido asesinado por la dictadura de Augusto Pinochet en Chile en septiembre del año anterior.
Se exilió en 1976, luego del Golpe de Estado del 24 de marzo, y pasó en Vivió en Italia y España (cerca de Madrid, donde hizo trabajo rural), y mantuvo un fuerte vínculo con Colombia. Su álbum infantil, Sinfonía inconclusa en la mar (1975), es un álbum emblemático para varias generaciones de colombianos.
En 1981, ante el inminente final de la dictadura cívico-militar en un horizonte cercano, Piero planeó su regreso a la Argentina haciendo una escala previa en Uruguay. Con varios músicos con los que había entablado relación durante su exilio en España comenzó a darle forma a su nueva banda, Prema, entre ellos los guitarristas Amadeo Álvarez y Daniel Manzini. En el siguiente lustro, por Prema pasaron, entre otros, el pianista Babu Cerviño (integrante de Tantor), el baterista Juan Carlos “El Negro” Tordó (que había tocado en Raíces con el uruguayo Beto Satragni y un jovencísimo Andrés Calamaro), Alejandro Lerner, Carlos Riganti, Gustavo Gregorio, Rubén “El Mono” Izaurralde, Morci Requena y Luis Gurevich, entre otros.
Tuvo, en esos años, su pico de popularidad. Hizo varios Obras, participó en B.A. Rock, y entabló un vínculo profundo con Mercedes Sosa (participó de los míticos conciertos en el teatro Ópera, y desde entonces se popularizó su grito de agradecimiento: “¡Gracias, Piero!”, inmortalizado luego por la imitación de los Midachi) y participó de los históricos conciertos de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés en Buenos Aires. Su participación quedó inmortalizada en la versión de “Canción con todos”, de César Isella, con el aporte de Víctor Heredia, el Cuarteto Zupay y Antonio Tarragó Ros, que cierra el emblemático álbum En Argentina.
“Música propuesta”, esa fue la nueva etiqueta de su propuesta artística a mediados de los 80, abandonando la música de protesta. Pero también fue precursor en la temática de la soberanía alimentaria, mientras fundaba una granja ecológica en Campana, junto a adolescentes de familias vulnerables. A partir de entonces construyó una red de 200 ecogranjas, y sus acciones sociales fueron a la par de una carrera artística que incluyó, a mediados de los 90, un álbum en colaboración con Pablo Milanés.
La música se constituyó en un legado familiar. Su hijo Juan lideró el grupo Mulan y se desempeña como guitarrista de la uruguaya Ana Prada. Su hija Fiorel lanzó, en 2022, un hermoso EP con la participación del propio Piero, con versiones de clásicos folclóricos argentinos.
Su partida es un golpe profundo a la historia de la canción latinoamericana, a la música con identidad y compromiso social y, también, a la dulzura, una de las características más notables de su interpretación.
Fuente original: Rolling Stone en Español